Tener éxito profesional está dejando de ser sinónimo de llegar a jefe. Los profesionales priorizan su vida personal y trabajan un concepto de carrera más relacionado con su satisfacción personal que con subir de jerarquía, un cambio que impacta en la cultura corporativa.
Las niñas ya no quieren ser princesas en la ciudad que dibujó Joaquín Sabina en su Pongamos que hablo de Madrid, allá por 1980. Ahora, en las empresas también se rompe uno de los tópicos: los profesionales ya no quieren ser jefes. Es como si cada vez más personas se apuntaran a eso de «devolver sentido al trabajo». En abril de 2023 un artículo de la revista Fortune acuñó por primera vez el término ambición silenciosa –quiet ambition– para referirse a un cambio de rumbo para el éxito profesional que abanderaba la fuerza laboral estadounidense.
Allí, y también aquí, cada vez son más los profesionales que redireccionan en silencio su ambición a la vida personal y no a subir peldaños en la escalera corporativa siguiendo los pasos de sus predecesores. Parece que las cosas están cambiando y si tras la pandemia, incluso antes, fueron los más jóvenes los que decidieron priorizar su vida personal a la ambición profesional, ahora la quiet ambition no entiende de generaciones. «Es una cuestión vital que conecta con el bienestar integral que todos necesitamos, y con el reto de las organizaciones del siglo XXI, que es potenciar una cultura y un liderazgo humanista y retador», asegura María García, presidenta de Smart Culture.

El elixir de la felicidad
¿Es la ambición silenciosa el elixir de la felicidad? Marta Romo, socia directora de Be Up, no cree que lo sea, pero asegura que lo que puede contribuir a nuestra felicidad laboral es la coherencia: «Atreverse primero a descubrir, luego a aceptar y más tarde a comunicar el nivel de ambición real que uno tiene. Parece que no querer escalar en la pirámide jerárquica está mal visto, cuando en realidad no todos estamos llamados a todo». Reconoce que «todos tenemos ambición, pero no todos la dirigimos hacia arriba. Esta tendencia redefine las carreras profesionales, el concepto de éxito y el liderazgo reorientándolos hacia objetivos más alineados con los valores personales. Aceptar el sitio que uno quiere ocupar en cada lugar y actuar en consecuencia es un acto de valentía y, además, puede dar mucha paz».
José Manuel Chapado, CEO de Éthica, coincide en que no es la pócima del bienestar, pero conduce hacia ello: «No cabe duda de que encontrar sentido a lo que se hace aporta felicidad; y alcanzar el equilibrio proporciona salud y bienestar. La felicidad idílica, sin esfuerzo, no es real. Se disfruta más lo que cuesta trabajo, y la resiliencia nos hace fuertes. También esos ingredientes hacen falta en la ecuación».
Otra carrera
Algunos siguen rechazando la idea de una carrera sin la recompensa de un ascenso, y se cuestiona si apostar por la vida personal puede perjudicar el desarrollo de una carrera diferente. Quizá la clave está en darle la vuelta y, como decíamos al principio, devolver sentido al trabajo. Según Jesús Alcoba, director creativo en La Salle Campus Madrid, «las organizaciones se han vuelto excesivamente complejas y en el futuro lo serán cada vez más. Un empleado que no entiende qué aporta a la creación de valor se convierte en un trabajador sin compromiso. Estamos regresando al Chaplin de Tiempos Modernos, engullido y alienado por una maquinaria sin sentido».

Desde una perspectiva empresarial Silvia Martínez, HR manager de Gi Group, cree que «es importante apostar por la flexibilidad para ofrecer alternativas que puedan ser adaptadas de forma individual atendiendo a las diferentes situaciones personales. Combinar un enfoque equilibrado con una estrategia de visibilidad, definir metas claras, ofrecer un desarrollo continuo y la capacidad de ajustarse a las demandas del entorno laboral cuando sea necesario, es clave».
Al margen de modas, optar por esta filosofía laboral parte del convencimiento del profesional. «La autoconfianza y la valentía son clave a la hora de transmitir lo que uno quiere en su empresa. Tener una conversación valiente con tu responsable o con tu HRBP no debería perjudicarte, y si es así es que no estás en el lugar adecuado», dice Romo, que aprecia en todo esto un factor que puede limitar al individuo, la contraposición de dos necesidades básicas: la necesidad aprendizaje, «hacer mejor las cosas, avanzar»; y la de aceptación, «sentirnos queridos, no defraudar a otros». Por esta razón considera que «normalizar estos temas y hablar de ello es fundamental para generar esa sensibilidad a la hora de aceptar esa ambición silenciosa en parte de nuestro equipo… que a veces falta en nuestros planteamientos empresariales».
Chapado cree que la clave está en que el quiet no anule la ambition, que «es buena en todas sus formas: de saber, de ganar, de amar, de cambiar. Los profesionales que sienten la ambición silenciosa no deben entenderla como una paz que renuncia la lucha». Subraya que, de igual manera, las empresas deben abordar una redefinición casi total de ellas mismas, entender la carrera y la promoción de otra forma como algo que va mucho más allá: redefinir las estructuras, la relación con sus trabajadores y el sentido mismo de su existencia: «El objetivo de la rentabilidad y la retribución del accionista no debería importar tanto como el propósito de contribución a la sociedad y el servicio a valores superiores».

Nuevo mercado laboral
Y si cambian los empleados y las estructuras empresariales, no es descabellado pensar que vamos hacia un nuevo mercado laboral. Alcoba no tiene ninguna duda: «Si el ascensor social se ha detenido no es de extrañar que la escalera corporativa corra peligro, porque ambos fenómenos forman parte de la misma progresión: trabajar para ascender y ascender para prosperar en la vida. Si no se puede ascender, no se puede progresar y, por tanto, no merece la pena matarse a trabajar». Martínez vaticina que si «cada vez más personas valoran el equilibrio personal y el crecimiento a su propio ritmo, las organizaciones podrían verse obligadas a adaptar sus prácticas para fidelizar el talento». Romo está convencida de que la quiet ambition siempre ha existido, pero no nos hemos atrevido a reconocerlo, ni siquiera a hablar de ello: «Sabemos que necesitamos segundas espadas, que un equipo lleno de Mbappés puede ser un problema».